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BIM para todos. Asturias cuando despertará de este letargo irresponsable?

Foto del escritor: iván sousa
iván sousa
29 jun
4 min de lectura

Hay algo que a muchos profesionales del sector de la edificación nos está empezando a generar una sensación bastante clara, aunque no siempre se diga en voz alta: la formación técnica en España va con años de retraso respecto a la realidad de la obra.


Y cuando hablo de formación no me refiero a cursos sueltos o iniciativas puntuales. Hablo de algo mucho más estructural: la incorporación real de especializaciones como BIM dentro del sistema público y semi-público de formación, ya sea en FP, SEPE o entidades de formación sectoriales.


Si uno mira lo que está pasando en el sector, el diagnóstico es bastante evidente. BIM ya no es una novedad. Ya hay informes recientes que indican que una parte significativa de empresas lo está implementando o al menos está en proceso de hacerlo, y que su presencia en licitaciones públicas sigue creciendo de forma progresiva. Es decir, no estamos hablando de una herramienta experimental, sino de una metodología que ya forma parte del día a día en muchos entornos profesionales del sector AECO.


De hecho, distintos estudios de entidades del propio sector señalan algo que se repite constantemente: la falta de personal cualificado es una de las principales barreras para su implantación real.

No es tanto una cuestión de tecnología, sino de personas formadas para trabajar con ella.


Y aquí es donde empieza el problema.

Porque mientras el mercado avanza en una dirección bastante clara, la incorporación de formación especializada dentro del sistema público no está yendo al mismo ritmo. Y no solo eso: en muchos casos, va claramente más lenta de lo que el propio sector necesita.


En el día a día, esto se traduce en algo muy concreto. Los trabajadores de obra, delineantes, técnicos, arquitectos técnicos o ingenieros que quieren reciclarse o actualizarse con BIM se encuentran con una oferta que muchas veces es limitada, irregular o SIMPLEMENTE INEXSISTENTE como está pasando en la Comunidad Autónoma de Asturias, directamente poco accesible en términos prácticos.

No solo por disponibilidad, sino por algo que es clave y que casi nunca se menciona: la compatibilidad con la vida laboral real.


Porque la mayoría de profesionales del sector no pueden permitirse formaciones presenciales rígidas, con horarios cerrados o desplazamientos constantes.

El sector de la construcción no funciona así. Las obras tienen horarios cambiantes, desplazamientos, cargas de trabajo variables. Y sin embargo, buena parte de la formación especializada sigue diseñada como si el alumno tuviera disponibilidad completa y estable.


Esto genera una contradicción bastante evidente: se pide actualización profesional constante, pero no siempre se facilita en condiciones realistas para quien ya está trabajando en el sector.



Y si a eso le sumamos el debate del coste, la situación se complica aún más. Porque aunque existen iniciativas gratuitas o subvencionadas, la realidad es que la oferta de formación avanzada, bien estructurada y realmente aplicada a entorno profesional, muchas veces termina desplazándose hacia el ámbito privado, con precios que no siempre son accesibles para todos los perfiles del sector.


Esto crea una especie de doble velocidad: por un lado, quienes pueden permitirse formaciones privadas o de mayor nivel; por otro, quienes dependen exclusivamente de la oferta pública, que en muchos casos no está creciendo al ritmo necesario o no tiene la profundidad que el mercado ya está exigiendo.


Y aquí es donde entra la parte más crítica del asunto, especialmente en comunidades como Asturias o en otras zonas donde el tejido profesional depende mucho de la obra pública y del sector tradicional de la construcción como dicen ellos de manera residual, Parece ser que el metal es la estrella de la economía de la región.


La sensación que tienen muchos profesionales es que la administración no está anticipando el cambio, sino reaccionando tarde. Y cuando se reacciona tarde en formación técnica, el problema no es solo formativo: es estructural.


El resultado es bastante claro. Empresas que avanzan hacia metodologías BIM, oficinas técnicas que empiezan a integrarlo en su flujo de trabajo, y al mismo tiempo una base de trabajadores que no siempre tiene acceso fácil, continuo y actualizado a esa formación dentro de su propio entorno.

Y eso, a medio plazo, genera un desajuste bastante serio: falta de perfiles intermedios preparados, dependencia de autoformación o formación externa, y una brecha cada vez mayor entre lo que se pide y lo que realmente se encuentra en el mercado laboral.



Por eso, más allá de debates ideológicos o interpretaciones políticas, el punto central es bastante sencillo: si el sector de la construcción está evolucionando hacia entornos digitales, colaborativos y basados en modelos como BIM, la formación no puede ir varios pasos por detrás ni depender exclusivamente de iniciativas aisladas o privadas.


Porque entonces lo que se produce no es una transición ordenada, sino una adaptación desigual. Y en un sector tan sensible como la edificación, eso siempre acaba traduciéndose en ineficiencias, sobrecostes y pérdida de competitividad.

Al final, la pregunta que muchos nos hacemos desde dentro no es si el BIM es necesario o no —eso ya está fuera de discusión—, sino algo mucho más básico:

¿Cómo es posible que una transformación tan evidente del sector esté avanzando más rápido en la obra que en el sistema que debería estar preparando a las personas para ejecutarla?.



Y esa pregunta, hoy por hoy, sigue sin una respuesta clara, desafortunadamente.

 
 
 

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© 2026  por Iván Sousa Díaz

Colegiado Nº: C 806. Consello Galego dos Colexios de Delineantes e Técnicos Superiores Proxectistas - Colexio Oficial de Delineantes de A Coruña                                                                          

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